CONSEJOS DIETAS

 

 

Colaboración de:

José Izquierdo Ruiz

Dr. Ciencias Biológicas por la Universidad de Granada

Diplomado en Nutrición por la Escuela de Nutrición de la Universidad de Granada.

Miembro de la Asociación Española de Dietistas-Nutricionistas.

Jefe Área Nutrición Centro Avalon.

 

COMO DEBE DE SER UNA DIETA DE ADELGAZAMIENTO.



A la vista de la gran variedad de dietas que hay en el mercado basadas en las propiedades casi milagrosas de uno o varios alimentos o de la combinación de varios de ellos, lo primero que hay que indicar es que no existe ningún alimento que por si mismo ni combinado con otros produzca adelgazamiento. El alimento que adelgaza es el que se queda en el plato. La única forma de reducir el exceso de grasa corporal es suministrándole al organismo menos energía de la que necesita, de forma que le obliguemos a recurrir a las reservas que tiene depositadas para este caso. Ahora bien esta reducción de energía no debe conllevar nunca una reducción o limitación de ciertos nutrientes que son esenciales para el óptimo funcionamiento y el buen desarrollo de nuestro cuerpo.

        Las dietas de adelgazamiento deben presentar una serie de características generales:

 

         La perdida de peso ha de realizarse de forma lenta y gradual.

        Es uno de lo mayores inconvenientes de la dieta de adelgazamiento. La OMS recomienda que la pérdida de peso de ser como máximo de 1 kilo a la semana. Dietas muy restrictivas conllevan la imposibilidad de equilibrarlas adecuadamente y la necesidad de utilizar complementos vitamínicos y minerales. Además este tipo de dietas, lógicamente, se alejan mucho de los hábitos alimenticios de cualquier persona, que, como demuestra el sobrepeso, no ha llevado una alimentación adecuada. Dietas excesivamente hipocalóricas ocasionan un mayor sacrificio personal y difícilmente podrá realizarse con ellas una reeducación de los hábitos alimenticios.

 

        La dieta debe ser equilibrada y variada.

        Una de las principales causas del abandono de una y mil dietas que se intentan seguir es la monotonía y la poca apetecibilidad de las mismas. Hay que tener mucha fuerza de voluntad para tomar una dieta que nos pide que sustituyamos una buena comida por un batido o unas barritas y así durante uno, dos o tres meses. E igualmente de odioso llega a ser el tener que tomar durante ese tiempo siempre un pescado o una pechuga de pollo a la plancha. Seguramente perdamos peso, principalmente debido a que al cabo de quince días ni siquiera nos apetecerá comer esa comida. Pero cuando creamos que hemos adelgazado lo suficiente, lógicamente, no vamos a seguir comiendo esa comida de régimen, sino que volveremos a la alimentación que tomábamos anteriormente, recuperando de nuevo el peso perdido o más. Lo que nos lleva a la consabida frase: “He intentado cientos de dietas, pero siempre después vuelvo a engordar”. El sobrepeso no se produce de la noche a la mañana, sino que normalmente es consecuencia de una dieta desequilibrada consumida durante mucho tiempo, casi siempre durante años. Si no se modifica, de forma lenta y paulatina, el consumo de alimentos que llevaron a tal estado, aunque se adelgace, volverá a recaer en cuanto deje la dieta de adelgazamiento.

        En realidad todo el mundo conoce la solución eficaz para perder peso, solo hay que comer menos, como indica la famosa dieta CLM (comer la mitad). Incluso personas con un sobrepeso ligero se automedican restringiendo temporalmente la ingesta de alimentos, sin mayores complicaciones. Este tipo de dietas se abandonan paulatinamente y se vuelve sin remedio a la alimentación normal que hacíamos con anterioridad. Por suerte esto es así, dado que este tipo de restricciones alimenticias, que no podemos llamar dietas, pueden llegar a ser peligrosas a largo plazo. Una dieta para adelgazar que deba realizarse durante más de dos o tres semanas debe de estar obligatoriamente equilibrada. Con esto queremos decir que debe de ser una dieta reducida en cuanto a la ingesta calórica, pero que debe contener tanto los macro nutrientes (Proteínas, hidratos de carbono y grasas) como los micro nutrientes (vitaminas y minerales) necesarios para un desarrollo óptimo del organismo, sin ningún tipo de déficit que pueda ocasionar algún trastorno fisiológico. En la actualidad este tipo de conocimientos (cantidades diarias recomendadas de micro nutrientes, composición de los alimentos, etc.) solo están al alcance de profesionales dietistas y nutricionistas, por lo que debemos dirigirnos a ellos para la elaboración y seguimiento de dietas de adelgazamiento que obligatoriamente deban ser de larga duración. Además de ellos obtendremos el consejo y la información necesaria para poder ir modificando nuestros hábitos alimenticios a fin de seguir una alimentación saludable incluso después de terminar una dieta de adelgazamiento.

 

        La dieta debe intentar adecuarse a los hábitos alimenticios e intentar corregir los errores que han llevado al sobrepeso.

        Como se ha indicado anteriormente, una de las características principales de una dieta de adelgazamiento es que debe ser variada y apetecible. No se pueden hacer milagros y adelgazar siguiendo la misma dieta que nos ha llevado al sobrepeso, algún sacrificio siempre hay que realizar. Lo que hay que intentar es que este sacrificio sea lo más leve posible. Difícilmente una persona seguirá un régimen que le obliga a tomar alimentos que le desagradan, por muy sanos que sean. Cambiar de forma drástica la alimentación de una persona suele llevar al fracaso. Una de las ventajas de la larga duración de una dieta para adelgazar es que proporciona la posibilidad de variar los hábitos de una forma paulatina, siendo de esta forma mucho más aceptable. Es bastante habitual que personas que han realizado un proceso de adelgazamiento mediante dietas, cuando lo han finalizado indican que han intentado probar el tipo de alimentación que llevaban anteriormente y no les ha apetecido. Lo sano no tiene porque estar reñido con lo apetecible. No hemos de olvidar que la mesa se ha considerado desde siempre como uno de los grandes placeres de la humanidad. Solo hay que saber combinar lo agradable y lo saludable.

 

        Adelgazar es eliminar grasa, no agua ni proteínas.

Por definición la obesidad es un estado en el que la masa grasa corporal está acumulada en exceso, debido principalmente a una sobrealimentación y a la inexistencia de actividad. Muchas de las dietas milagrosas que aparecen en el mercado y que prometen grandes reducciones de peso en poco espacio de tiempo, realmente lo que producen es una deshidratación corporal, reduciéndose, en efecto, peso. Pero en realidad no se ha adelgazado, ya que ese peso se recupera fácilmente con volver a tener un nivel de agua adecuado. También hay que tener en cuenta que una reducción efectiva de peso no debe conllevar una pérdida de la masa magra (músculo, vísceras, etc.).

Actualmente los especialistas en nutrición pueden analizar la composición corporal, de forma que comprueban que la pérdida cuantitativa de peso se corresponde con la reducción de la masa grasa y no de ningún otro componente del organismo.  Uno de los métodos más utilizados es el análisis de la composición corporal basado en la impedancia bioeléctrica. Mediante este análisis, rápido y sencillo, se efectúa a la vez que se mide el peso, obtenemos la composición cuantitativa y cualitativa de masa grasa, masa magra y agua (Núñez et al., 1997, Heymsfield, 1997). Con este análisis, además del valor de IMC (Índice de masa corporal), y la valoración de medidas antropométricas, el especialista en nutrición puede controlar y evaluar el seguimiento real de la dieta propuesta y proponer posibles variaciones.

 

Niveles de grasa según sexo y edad:

Sexo femenino. Gallagher et al. Am J. Clin Nutr. Sept.2000

 

 

Sexo masculino. Gallagher et al. Am J. Clin Nutr. Sept.2000

 

 

        Finalmente hay que indicar una característica de las dietas de adelgazamiento que se sitúa en un ámbito externo a las mismas, aunque puede considerarse como la característica principal y sin la cual muchas de las dietas, aunque estén perfectamente diseñadas, están abocadas al fracaso. Esta característica es la información. La pérdida de peso al comienzo de una dieta de adelgazamiento suele ser rápida, principalmente debida al descenso del agua corporal asociada a las reservas de glucógeno. Sin embargo se va ralentizando en los días siguientes, cuando realmente se está perdiendo grasa. Esto, si no hay una información previa por parte del especialista, conlleva la correspondiente desilusión e incluso en muchos casos el abandono de la dieta. La información por parte del dietista sobre este tipo de fenómenos y otros que pueden ocurrir durante el tiempo que se esté siguiendo la dieta ayudarán en gran medida a que la persona que deba seguirla se sienta animada a terminarla. Cuando se tiene un sobrepeso importante la persona debe comprender que el proceso debe ser largo y que durante el mismo habrá momentos en que la pérdida de peso se ralentizará, por readaptaciones internas del organismo, que influirán también sobre la dieta causas externas, como la estacionalidad o procesos hormonales en el caso de la mujer, que pueden provocar temporales aumentos de peso antes de la menstruación, por una retención de líquido, etc. El comprender y entender que todo esto puede ocurrir durante el transcurso del seguimiento de la dieta ayuda a que en esos momentos no se produzca el desánimo y el consiguiente abandono.

        Por otra parte hay una información adicional que se debe suministrar a la persona que presenta un problema de sobrepeso. Esta información se refiere a las causas que lo han provocado y si estas son de tipo alimenticio dar la información necesaria para que la persona pueda llevar una alimentación saludable, una vez haya alcanzado su peso idóneo. Cuando el sobrepeso es importante también se debe hacer comprender a la persona los riesgos para la salud que dicho sobrepeso puede conllevar, lo que puede ser un acicate para terminar la dieta.

 

        Hay un complemento a la dieta que siempre se debe sugerir y que resulta aún más difícil de seguir que la propia dieta: la práctica de un ejercicio físico adecuado. El aumento de la actividad aumenta el gasto de energía, a la vez que se potencia la masa muscular. Todo esto está muy bien y siempre se debe recomendar. Otra cosa es que se lleve a la práctica. Vivimos en una sociedad sedentaria, acostumbrada a desplazarse en coche hasta para las distancias más cortas. Este es un hábito aún más difícil de erradicar que el de una mala alimentación. En cualquier caso la actividad física recomendada debe estar acorde con las características físicas de cada persona y debe ser practicada con moderación pero con continuidad. No se deben aconsejar deportes demasiado complejos ni aquellos que nunca se han practicado. Caminar al menos una hora diaria o apuntarse cuatro o cinco horas semanales a un gimnasio, para realizar ejercicios suaves es algo que hoy día está al alcance de la mayoría.

 

 

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