ENTREVISTA A  SANTIAGO SEGURA
(por Isabel Castelnou)

 

SANTIAGO SEGURA. MADRID. 14 de septiembre del 2001.

 

En una de mis idas y venidas de Madrid, a los programas de televisión, coincidí con Santiago Segura en el museo de cera de la capital. Figuraos mi sorpresa y asombro: él estaba allí para unos retoques en la figura de Torrente que le estaban preparando y yo visitando el museo con mi marido. Debido a los injustificables e incalificables crímenes ocurridos en las torres gemelas de New York se anuló el programa al que íbamos y pudimos visitar la capital que yo ya conocía (pero que vale la pena siempre volver a ver).

Yo sólo había visto a Santiago Segura en su personaje de Torrente, en las entrevistas que concedía en televisión, y la prensa escrita. Allí me encontré simplemente con él: iba rodeado de gente que le llevaban de acá para allá. Se notaba que iban con prisas y estaban por otros menesteres que no el de atender a la gente, pero la gente en cuanto vieron quien era (y se corrió rápido la voz que estaba allí), empezó a corear su nombre y a dispararle fotos. No le decían nada, simplemente gritaban su nombre e intentaban lograr una instantánea de él a través de las personas que le rodeaban. Yo sorprendida allí, a escasos dos metros de él, no quise disparar mi cámara sin antes pedirle permiso para hacerlo. Las personas que salieron a verlo rápido se dispersaron. Yo continué allí con mi cámara, meditando como, ante aquella avalancha en segundos, Santiago Segura había correspondido a aquellas muestras de cariño con una sonrisa, sin la cara de orgullo, prepotencia y soberbia que he encontrado en muchos personajes famosos, en aeropuertos, sitios públicos y televisiones.
Uno de los guardas del museo, firme pero educado, me dijo que por favor entrara a la sala de proyecciones a lo que yo respondí si, por favor, me dejaba pedirle permiso a Santiago para hacerle una foto, que me esperaría sin molestarle hasta que terminara (pensando para mis adentros que quizás cuando acabara de hablar de los retoques en el busto no tendría oportunidad de poder acercarme porque se lo llevarían de allí). Cual no sería mi sorpresa cuando después de cinco o seis minutos, habiendo finalizado su conversación, fue Santiago Segura quien se acercó a mí. Dueño de una gran seguridad y educación me preguntó si quería una foto, a lo que yo más deprisa que nunca conteste rápido que si. También muy deprisa le conté la aventura de la Web: que tenía una Web en Internet (www.obesos.org) muy sencilla aún pero que esperaba llegara a ser muy grande por su contenido humano, y si por favor le podía hacer unas preguntas.

Ante su amabilidad y educación quedé desarmada ya que, cuando hago cosas así para la Web, espero siempre un rechazo, por motivos que todos podéis suponer hacia los obesos. Pues el Sr. Santiago Segura ante esta información, aún me concedió más que una foto: me contestó a unas cuantas preguntas cuyo dialogo aquí os relato.

Por cierto agradezco al guarda del museo que nos hiciera la foto, y mucho más a Santiago Segura que se pusiera a mi lado para que nos la hicieran a los dos, cosa que yo no me había planteado.

ISABEL:

Santiago le admiro más por su fuerza de voluntad al perder peso que por sus personajes en el cine.

SANTIAGO:

Si realmente es difícil perder peso, pero no imposible. Aunque yo seguiré siendo un obeso toda la vida.

ISABEL:

Si ahora no puede descuidarse, o podría volver a coger los kilos que a perdido, ¿ha tenido problemas por su sobrepeso para hacer algo?

SANTIAGO:

Ser obeso no me ha impedido hacer nada.

ISABEL:

En eso estoy de acuerdo a mi tampoco me impidió hacer nada, pero para muchos obesos no es así.

 

Llegados a este punto, entre los nervios que yo llevaba, y los que le acompañaban reclamándole, se despidió con un que tengas mucho suerte con tu proyecto. A lo que respondí con un "muchas gracias e intentare hacerle llegar la fotografía". Espero que la vida me dé oportunidad de volver a encontrarle para poder hacerle más preguntas que en aquel momento con las prisas y mis nervios no pude hacerle.

 

 

Hoy cuando miro la foto, no dejo de sorprenderme de su educación, sencillez, y gran humanidad. Por supuesto le dije que esto lo publicaría, y aún sabiendo que lo iba a reflejar por escrito en ningún momento se negó, desde aquí mis más sinceras gracias, y espero que la vida le depare lo mejor.

 

Isabel Castelnou

 

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