- MOCIÓN DEL GRUPO PARLAMENTARIO POPULAR EN EL SENADO POR LA
QUE SE INSTA AL GOBIERNO A QUE CATALOGUE LA OBESIDAD COMO ENFERMEDAD Y A QUE
ADOPTE LAS MEDIDAS NECESARIAS PARA PALIARLA. (662/000239)
La señora PRESIDENTA: Punto tercero del
orden del día: Mociones.
Moción del Grupo Parlamentario Popular
en el Senado por la que se insta al Gobierno a que catalogue la obesidad como
enfermedad y a que adopte las medidas necesarias para paliarla.
A esta moción se había presentado una
enmienda por parte del Grupo Parlamentario Socialista, pero finalmente se ha
llegado a una transaccional. (Rumores.) Señorías, me da la impresión de que no se
están enterando de nada de lo que digo. Menos mal que se entera la senadora
Martínez. Repito, se había presentado una enmienda pero hay una propuesta de
modificación firmada por los siete grupos parlamentarios. Por lo tanto,
entiendo que no procede la defensa de la enmienda sino la presentación de la
moción y, luego, un turno de portavoces. Esto hará más breve el debate.
Para la defensa de la moción, tiene la
palabra el senador García- Talavera.
El señor GARCÍA-TALAVERA CASAÑAS:
Muchas gracias, señora Presidenta.
Señorías, como todos ustedes saben, la
obesidad constituye actualmente un problema de tal magnitud para la salud de
los seres humanos que la propia Organización Mundial de la Salud la califica
como la epidemia del siglo XXI. (El señor
Vicepresidente, Prada Presa, ocupa la Presidencia.)
Todos sabemos que existen en el mundo,
aproximadamente, 250 millones de personas obesas y que en España la obesidad
constituye actualmente el principal problema nutricional. (Rumores.) Según datos de la
encuesta nacional de salud basados en el peso y en la talla... (Rumores.)
El señor VICEPRESIDENTE (Prada Presa):
Senador García-Talavera, espere un momento. (Rumores.)
Señorías, por favor, les ruego guarden
silencio. Un compañero está en el uso de la palabra, ocupen su escaño o
abandonen el hemiciclo y dejen de hacer corrillos.
Puede continuar, senador.
El señor GARCÍA-TALAVERA CASAÑAS:
Muchas gracias, señor Presidente.
Según datos de la Encuesta Nacional de
Salud basados en el peso y en la talla autodeclarados, la prevalencia de la
obesidad en la población española entre los 20 y los 65 años está aproximadamente
alrededor del 14 por ciento, siendo mayor en las mujeres que en los hombres.
En palabras sencillas, la obesidad
implica un aumento de más del 20 por ciento del peso corporal ideal. En las
poblaciones de los países avanzados, como los Estados Unidos, 1/5 de los
hombres y un 1/3 de las mujeres son obesas. Naturalmente, la obesidad benigna o
moderada no conlleva ningún riesgo o muy escaso riesgo para la salud del ser
humano; sin embargo el aumento de más del 150 por ciento y hasta del 300 por
ciento del peso ideal del hombre conlleva un enorme incremento de la tasa de
mortalidad, pudiendo llegar a sobrepasar 12 veces esta tasa de mortalidad.
Como todos sabemos, la mayoría de los
sobrepesos son debidos a sobrealimentación, descartando, naturalmente, aquellas
patologías del metabolismo y procesos endocrinológicos, que no es el caso
porque la obesidad ya es conocida por todos y se encuentra perfectamente
estudiada por los expertos. Sin embargo lo más importante que tenemos que sacar
como conclusión es que cuando la energía ingerida excede al consumo, es decir,
cuando la cuenta de ingreso de calorías es positiva frente al consumo, se
acumula en el tejido graso, en el tejido adiposo, y si este balance se prolonga durante largo tiempo se convierte
primero en sobrepeso -que no conlleva, como hemos dicho antes, ese gran
riesgo-, y si continúa en esa escalada puede llegar a constituir una tremenda
enfermedad que se llama obesidad grave u obesidad mórbida.
Naturalmente, la obesidad hay que
catalogarla dentro del abanico que va desde el sobrepeso a obesidad tipo 1,
tipo 2 o tipo 3, de acuerdo con el exceso de peso -con incrementos que pueden
llegar a más del 150 por ciento del peso ideal corporal- o por otros índices de
masa corporal, que pasa de los 35 kilos por metro cuadrado de superficie
corporal. Nuevamente tenemos que valorar para sentar bases y criterios y luego
ver las consecuencias de estas bases, qué implican en la salud de los seres
humanos.
Si consideramos los aspectos regionales
o las tendencias generales, en la mayoría de los países desarrollados la
obesidad coexiste con la desnutrición e incluso con la anorexia. Globalmente,
las mujeres tienen una tasa mayor de obesidad que los hombres y estos una tasa
mayor en sobrepeso; es decir, que la gravedad del exceso de peso es mucho más
acentuada en el sexo femenino que en el sexo masculino. Existen también otra
serie de aspectos a considerar, como los étnicos o regionales, incluso por
continentes: de todos es conocido que la obesidad es poco común en los países
africanos y en Asia, sin embargo en las regiones americanas aumenta tanto en
los hombres como en las mujeres y en el este mediterráneo hay una alta
prevalencia en adultos, particularmente de mujeres en Europa; en general, la obesidad ha aumentado en toda
la Unión Europea entre el 10 y el 40 por ciento de acuerdo con el desarrollo
industrial de los países en los últimos 10 años.
Además existen una serie de factores de
transición socioeconómica y efectos del desarrollo y de la modernización que de
todos son conocidos: el aumento de los vehículos de transporte, el aumento de
la conducción en trayectos de corta distancia, la disminución de los paseos, la
disminución del ciclismo, el que en los hogares se haya incrementado la
tecnología moderna con electrodomésticos, los alimentos precocinados, el
incremento de televisores, ordenadores, videojuegos, e incluso si me apuran en
el propio trabajo ya tenemos escaleras automáticas, puertas automáticas,
ascensores, todo tipo de mecanismos para disminuir el esfuerzo físico.
Otro de los efectos importantes de la
obesidad va a ser el incremento de la delincuencia en áreas urbanas. Aunque
parezca mentira, el miedo de determinadas personas -como ustedes comprenderán,
las personas más débiles físicamente, y entre ellas encontramos a las mujeres,
los jóvenes, los niños y las personas mayores- a salir en zonas urbanas donde
existe delincuencia y crimen hace que no desarrollen el ejercicio físico
necesario para disminuir el acumulo de exceso de energía como consecuencia de
la alimentación.
Una vez valoradas, aunque sea de manera
somera, las causas o factores que desencadenan la obesidad, paso a analizar los
efectos de la misma, que son los que realmente condicionan que ésta se
considere como una enfermedad grave, un problema de salud mundial y que,
naturalmente, se justifique la calificación que se le ha dado de epidemia del
siglo XXI, sobre todo en los países desarrollados.
Como decía antes, la obesidad es una
enfermedad crónica, con un fuerte componente familiar y se ha constituido en la
segunda causa de muerte innecesaria en la mayoría de los países muy
desarrollados, como en Estados Unidos y en Alemania. En la actualidad, el 61
por ciento de los norteamericanos tienen sobrepeso -es decir, alrededor de 120
millones- y la mitad de ellos son obesos. La expectativa de vida de las mujeres
de ese mismo país -y lo pongo como ejemplo al ser considerado el más
desarrollado del mundo-, que se sitúa actualmente en los ochenta años, en la segunda década del siglo XXI se puede
acortar hasta los sesenta y cinco años si no se ataja la obesidad.
Teniendo en cuenta la evolución de los
países industrializados y con exceso de desarrollo, la prevención y el
tratamiento precoz hacen necesaria la adopción de una serie de medidas
cruciales, que han de centrarse fundamentalmente sobre las posibles
consecuencias para la salud. Existe una fuerte asociación entre la obesidad y
los trastornos de las articulaciones. La obesidad materna también está asociada
a patologías neurológicas en los niños, en los recién nacidos; se triplican los
trastornos y las patologías obstétricas; aumenta la infertilidad, ya que está
perfectamente probado que cuando disminuye la obesidad mejora la fertilidad en
el sexo femenino. Además, la hipertensión estacional es mucho más abundante,
así como la diabetes estacional, las infecciones urinarias, la incidencia del
cáncer de mama y, sobre todo, se triplica la incidencia del cáncer de
endometrio debido al exceso de peso de las mujeres.
Por lo tanto, el aumento de peso en la
mujer comporta un riesgo enorme en el desarrollo de cáncer y, sobre todo -como
ya he señalado- en el caso del cáncer de endometrio. Por otro lado, también se
producen otra serie de enfermedades innumerables, como es el caso de las
infecciones urinarias, incontinencia urinaria y otra serie de consecuencias
que, naturalmente, incrementan el coste sanitario de cualquier país.
Además de los trastornos sanitarios,
también hay que valorar la repercusión social y, sobre todo, la
estigmatización, la discriminación e incluso -si ustedes me lo permiten-, los
malos tratos que los estudios sociológicos más avanzados han podido constatar
en relación con la obesidad. En los
Estados Unidos hay estudios que demuestran el aumento del desempleo relacionado
con el sobrepeso femenino, que disminuye del 80 por ciento al 60 por ciento,
después de la cirugía.
También existen repercusiones de la
obesidad en la infancia; aproximadamente el 13 por ciento de los niños y el 14
por ciento de los adolescentes españoles son obesos, y esas tendencias están
convergiendo de manera significativa con las tendencias de la obesidad infantil
y en los adolescentes de los Estados Unidos. Además, el exceso de peso en la
infancia y en la adolescencia nos hacen predecir el sobrepeso y la obesidad en la
edad adulta y, en cuanto al género, hay que destacar que se incrementa más en
las niñas que en los niños.
El sobrepeso en la infancia y en la
adolescencia provoca unos tremendos efectos sobre la salud. Se pueden señalar
estos efectos adversos en enfermedades de las articulaciones, del crecimiento,
del asma, de la hipertensión -enfermedad que padecían raramente los niños y que
ahora aumenta nueve veces en los niños obesos- y, por ello, los expertos
aconsejan un plan de prevención completo en esas edades y que se centre en los
grupos de alto riesgo; es decir, en aquellos sectores de la población general
que se encuentran en una etapa de vida más vulnerable: la infancia, la
adolescencia, el embarazo, la menopausia o aquellas personas que tengan
predisposición genética a la obesidad.
Los expertos advierten sobre todo de
que el segmento infantil y juvenil debe ser la diana más importante de las
acciones preventivas, pues según sus cálculos,
el porcentaje de enfermos dentro de este sector podría alcanzar el 26 por
ciento.
Entre estas medidas preventivas también hay
que destacar las campañas de educación
nutricional, la sensibilización a través de los medios de comunicación, incentivar
una serie de aspectos económicos para fomentar el consumo de alimentos
nutricionales, apartar aquellos alimentos de gran poder energético o altos en
calorías y de poco valor nutritivo, como es la comida rápida, el fast food de los anglosajones.
Señorías, por todo ello es imperativo
que los gobiernos tomen conciencia de este problema, de una enfermedad que
existe, que en grado sumo se considera
la obesidad mórbida como enfermedad
grave, que para ello hay que priorizar un impulso político en relación con esta
enfermedad; que hay que valorar los recursos existentes para su prevención y
tratamiento; que hay que impulsarlos a través de los mecanismos -concretamente
en nuestro país- de información nutricional,
tanto en las comunidades autónomas y en el seno del Consejo
Interterritorial de Salud, como a los
ciudadanos en general, como en la asistencia primaria. Asimismo es fundamental
promocionar acciones de tipo asistencial, priorizar la investigación e ir hacia
la convergencia con los países de la Unión Europea.
No me gustaría terminar sin agradecer a
todos los componentes de los grupos de esta Cámara, con la mayor sinceridad,
sobre todo al Grupo Parlamentario Socialista, el que hayan admitido esta
enmienda transaccional, cuyo texto definitivo queda de la siguiente forma: El
Senado insta al Gobierno a que, en el seno del Consejo Interterritorial de
Salud, se estudie la obesidad como una enfermedad
crónica al objeto de definir e intensificar las medidas necesarias para su
prevención y tratamiento, así como los planes de financiación correspondientes.
Muchas gracias, señor Presidente.
El señor VICEPRESIDENTE (Prada Presa): Muchas
gracias, Senador García-Talavera.
Pasamos al turno de portavoces. En
nombre del Grupo Parlamentario Mixto, tiene la palabra el Senador Cámara.
El señor CÁMARA FERNÁNDEZ: Gracias,
señor Presidente.
Voy a dar el voto favorable a la moción
por dos razones, y con esto termino: una, porque se ha recogido la
enmienda del Grupo Parlamentario Socialista,
que es importante en la medida en que concreta el aspecto de la
financiación, o al menos insta a la partida presupuestaria adecuada y además lo
sitúa fundamentalmente en el marco del Consejo Interterritorial, que es mucho
más adecuado que estudie este problema.
La segunda razón de nuestro voto
afirmativo -al menos el mío- es porque
todo lo que afirma la moción me sucede a mí;
es decir, me acabo de hacer unos análisis y todo lo que se indica en
ella me pasa a mí.
Por lo tanto, vaya por delante mi voto
favorable porque me voy a beneficiar de alguna manera de esta moción -no sé si llegaré- si el Gobierno la aplica,
de forma urgente porque, si no, no llegaré
-espero que lleguen mis hijo- a
dar una solución al problema de la obesidad como enfermedad.
Gracias.
El señor VICEPRESIDENTE (Prada Presa):
Gracias, Senador Cámara.
Por el Grupo Parlamentario de Senadores
de Coalición Canaria, tiene la palabra el Senador don Froilán Rodríguez.
El señor RODRÍGUEZ DÍAZ: Gracias, señor
Presidente.
Señorías, está claro que nos encontramos,
en el caso de la obesidad que tratamos hoy, ante un problema de salud pública
y, por lo tanto, es de gran importancia
la prevención de este problema.
Antes de hablar de una enfermedad
estamos hablando de unos hábitos, de unas condiciones, de unos signos -en este caso físicos- que pueden conducirnos a un diagnóstico -como en el caso que el Senador
García-Talavera explicaba- como una enfermedad subyacente ante esta obesidad. En otros casos, cuando
excede de un porcentaje del peso corporal, podemos considerarlo enfermedad,
como sucede en muchos casos con el sobrepeso que llamamos obesidad mórbida o
súper mórbida.
Por tanto, hablando de la repercusión
que tiene la prevención ante este problema de salud pública, hay tres factores,
ya tratados aquí y seguro que recurrentes siempre para este objeto de debate,
que son: la educación sanitaria, la dieta equilibrada -viene a colación lo que
hemos debatido y sobre lo que hemos tenido una Ponencia específica en este
Senado, sobre la dieta mediterránea- y, por supuesto, el ejercicio físico. Por
tanto, está el debate abierto, que hoy desde un punto de vista político y de
gestión de Gobierno puede quedar cerrado, aunque no así científicamente, sobre
la consideración de la obesidad como enfermedad.
Lo que me ha sorprendido de la
intervención del Doctor García- Talavera, a quien tengo un gran aprecio, entre
otras cosas porque fue profesor mío en la facultad, es cómo ha ligado la
seguridad ciudadana con la obesidad, lo que todavía no he llegado a entender.
Espero que después, fuera de este hemiciclo, me lo explique bien.
Otro aspecto que se ha abordado y que
tiene una gran importancia es la incidencia cada vez mayor que la obesidad o el
sobrepreso está teniendo en la infancia y la juventud. Y a este respecto sí habría
que estudiar de forma científica los hábitos alimenticios y su incidencia,
porque hay algunos datos que son contradictorios incluso con lo que ha
expresado el Doctor García-Talavera. Por ejemplo, en la última encuesta
realizada en España se demuestra que las niñas tienen mejores hábitos
alimenticios que los niños. Por tanto, hay que hacer un mayor esfuerzo no sólo
en lo relativo a la prevención sino en investigación para tener datos y
propuestas serias, científicas sobre cómo actuar ante este problema de salud
pública.
Yo también me congratulo de que se haya
llegado a un texto transaccional, fundamentalmente sobre la propuesta
alternativa que hacía el Grupo Parlamentario Socialista , que es muy sencilla y
clara y que creo que facilitaría en gran medida al Gobierno la posibilidad de
actuar ante este problema.
Por tanto, como no puede ser de otra
manera, ya que hemos firmado esta
enmienda transaccional, la vamos a apoyar y esperamos que esta resolución
unánime que creemos que puede salir de aquí sirva para que el Gobierno del
Estado y sus órganos sanitarios a través del Ministerio de Sanidad y Consumo
puedan actuar de forma clara, con una política fundamentalmente preventiva,
educativa e investigadora para atajar el problema de salud pública que significa
la obesidad en España, como lo significa también en todo el mundo occidental
sobre todo.
Muchas gracias.
El señor VICEPRESIDENTE (Prada Presa):
Gracias, Senador Rodríguez Díaz.
A continuación corresponde el turno de portavoces
del Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos. La Senadora Loroño
tiene la palabra.
La señora LOROÑO ORMAECHEA: Muchas
gracias, señor Presidente.
Buenas tardes, señorías.
Senador García-Talavera, tengo que
iniciar esta intervención diciéndoles, desde el respeto que me merece cualquier
iniciativa y la legitimidad de los grupos parlamentarios de presentar
iniciativas ante esta Cámara para su debate y aprobación si procede, que
nuestro Grupo Parlamentario discrepa totalmente de la iniciativa planteada por
el Grupo Popular tanto por lo que se refiere al contenido de su exposición de
motivos como respecto a su parte resolutiva. (El señor Vicepresidente, Rojo García, ocupa la Presidencia.)
Tengo que ser sincera con usted y con el Grupo
que propone esta iniciativa. A través de la enmienda que el Grupo Parlamentario
Socialista ha presentado y que con buena voluntad por parte de todos los grupos
parlamentarios de esta Cámara hemos conseguido transaccionar, aceptándose una
propuesta conjunta en un esfuerzo común, creo que hemos dado la vuelta a esta
iniciativa, y se lo digo sincera y honestamente.
De hecho, en la exposición de motivos
se llega a decir que, pese a lo apabullante de las cifras y los datos, la
obesidad como tal no está catalogada, ni siquiera la mórbida. Si realmente
creen que esto es así, ¿cómo se explica el hecho de que en todas las
clasificaciones internacionales de enfermedades -el CIE, el CIAP, el CIXAP, el
CRC- la obesidad se encuentre recogida como tal en el grupo de enfermedades
endocrinas? Si realmente creen que esto es así, ¿por qué se admite
internacionalmente que una relación adecuada entre peso y talla -como bien
decía su señoría, el índice de masa corporal- superior entre 25 y 30 kilos se
considere sobrepeso, obesidad cuando está entre 30 y 40 y obesidad mórbida
cuando se trata de un índice de masa corporal superior a 40 kilos?
La obesidad mórbida se define como una
situación no saludable, en la que el exceso de tejido graso se traduce en una
relación de peso y talla superior a 40. Y usted lo exponía gráficamente
diciendo que en este índice de talla-peso hablamos de una proporción de 35 a 40
kilogramos por metro cuadrado. La verdad
es que en cierto sentido la situación que ustedes planteaban en la exposición
de motivos nos parecía que no se ajustaba a la realidad. De hecho, voy a
plantear otra cuestión más, y es si no está considerada ya como
enfermedad, cómo se está actuando desde
la sanidad pública, incluyendo en el catálogo de prestaciones la cirugía
bariátrica, procedimiento en auge dentro de la sanidad pública para hacer
frente a las situaciones de obesidad mórbida y de obesidad clínicamente severa,
en las cuales se aconseja este tipo de intervención.
Por otro lado, en su exposición de
motivos también decían que el tratamiento de la obesidad debe afrontarse
conociendo la realidad del problema, y por ello los responsables de la sanidad
deben tomar nota de estas situaciones con vistas a la prevención de estas
patologías. En ese sentido, creo que ustedes no desconocen la situación real y
sobre cómo se está actuando, permítame que se lo diga. De hecho, el Libro
Blanco de la Seguridad Alimentaria de la Unión Europea afirma que como
resultado de la globalización del mercado y de mayor posibilidad de acceso a
los alimentos, se está produciendo una convergencia de los hábitos dietéticos
pero, por desgracia, hacia una dieta desequilibrada y poco saludable, por lo
que las enfermedades relacionadas con estos hábitos insalubres aumentarán en
los últimos años. A nivel europeo ya se promulgan distintas medidas, incluso a
través de la creación del Plan de Acción Nacional de Nutrición 2000-2005, promovido por la Oficina Regional
de la Organización Mundial de Salud en Europa, por lo que se tiene constancia
del problema y en estos momentos internacionalmente se reconoce que va a ser la
epidemia del siglo XXI. Luego, ya se están dando pasos y adoptando medidas
porque se conoce la situación. Y el proyecto EURODIET 2000 marca como objetivos
nutricionales para Europa, que el aporte energético porcentual a través de los
líquidos sea inferior al 30 por ciento, a través de los ácidos grasos saturados
se consiga que sea inferior al 10 por ciento, y que la aportación de hidratos
de carbonos sea superior al 55 por ciento, llegando a establecer un índice de
masa corporal idóneo entre 21 y 22.
En ese sentido, creo que de alguna
forma, incluso a nivel europeo, se tiene constancia del problema y de la
situación real y se están marcando pautas para que se pueda abordar. Y no sólo
es esta la cuestión, sino que a nivel de las Comunidades Autónomas ya se viene
actuando desde hace tiempo. Si se actúa, desde luego es desde la consideración
de la obesidad como enfermedad, y se incide tanto en prevención, como en
detección precoz, diagnóstico, intervención asistencial y también en
tratamiento.
En el caso de la Comunidad Autónoma del
País Vasco se han llevado a cabo distintas actuaciones. El Plan de Salud
2002-2010 recientemente presentado, entre sus áreas prioritarias plantea el
referente a estilos de vida, dado que constituye uno de los factores
determinantes que más influencia ejercen en el estado de salud de la población.
Entre los ámbitos de intervención y actuación plantea el área de nutrición y
seguridad alimentaria con los siguientes objetivos: disminuir un 20 por ciento
la proporción de personas obesas mayores de 16 años, conseguir que el aporte
energético de hidratos de carbono sea superior a un 45 por ciento, conseguir
que el aporte energético de grasas sea inferior a un 35 ciento y, por otro lado,
disminuir un 25 por ciento las diferencias sociales en la proporción de
personas obesas mayores de 16 años. Para
ello plantea estrategias de intervención con actuaciones tanto a nivel
individual, como educar en hábitos alimentarios saludables, formar a
profesionales sanitarios, detección precoz e intervención profesional,
como actuaciones a nivel comunitario,
actuaciones a nivel intersectorial y abordaje de la problemática empezando
desde la atención primaria, como usted mismo recomendaba a lo largo de su
intervención.
La verdad es que lo más relevante, y
eso es lo que quiero resaltar, es que ya está incluida en el catálogo de
prestaciones desde hace varios años la atención y la asistencia a aquellas
personas en las cuales la obesidad está siendo un riesgo importante para su
salud, planteando intervenciones que mejoren la calidad de vida de estas
personas con los riesgos que ello entraña, sobre todo cuando el tratamiento que
se prescribe es la intervención quirúrgica bariátrica. De ahí que modestamente le haya dicho al
inicio que íbamos a votar en contra de la moción que ustedes planteaban, por
entender, de hecho, que tanto lo que se contenía en la exposición de motivos
como en la propuesta resolutiva ya se estaba realizando y, por tanto, no se
correspondía con la situación real. Lo único que no se está haciendo en estos
momentos, y lo digo sincera y honestamente desde esta tribuna, es financiar los
fármacos antiobesidad, productos que el ministerio, con muy buen criterio en su
momento y hasta la fecha, no ha autorizado dado que los beneficios son muy
escasos y solamente cuando se asocian a una dieta estricta y a ejercicio físico
pueden aportar algún beneficio. El informe de revisión que el departamento de
sanidad del Gobierno vasco realiza incluso en el año 2000 apunta también en
esta línea. En todo caso, los tratamientos farmacológicos tienen todavía mucho
camino por recorrer, así al menos lo consideramos desde este grupo
parlamentario.
Después de lo expuesto, sincera y
honestamente el Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos cree que
el Grupo Parlamentario Popular a través de la iniciativa -que en estos
momentos, como decía al inicio de mi intervención, tiene otro cariz y otro
contenido totalmente distinto del inicial a través de la transaccional que
hemos suscrito todos los grupos parlamentarios de esta Cámara-, y haciendo uso y valiéndose de ciertas
imprecisiones, por decirlo de alguna forma, quería aprobar una resolución cuyo único objetivo era confirmar un cambio de criterio en el ministerio
en torno a los fármacos, fármacos antiobesidad por las presiones que están
ejerciendo los laboratorios para que se autorice su financiación pública y se
incluyan como financiables con fondos públicos. Pero también reconózcase, si
esto es así, la falta de lealtad hacia las comunidades autónomas, dado que el
coste lo van a asumir las comunidades autónomas y el incremento de gasto
farmacéutico va a revertir en el ministerio en aplicación del pacto con
farmaindustria y esto se hace en un momento en el que todas las comunidades
autónomas han asumido la transferencia. Si no es así, ¿a qué medidas nos
referíamos a través de su propuesta resolutiva y en qué contexto? La verdad es
que con este tipo de iniciativas es lógico que se siga desconfiando de la actuación
del Gobierno en relación con las comunidades autónomas.
Nada más y muchas gracias. (Aplausos.)
El señor VICEPRESIDENTE (Rojo García):
Gracias, senadora Loroño.
Por el Grupo Parlamentario de Entesa,
tiene la palabra el senador Espasa.
El señor ESPASA I OLIVER: Gracias,
señor presidente.
Hablando de obesidad, deberíamos
empezar por una cita de los clásicos: nada con exceso y tampoco comer con
exceso. La intervención de la senadora Loroño me ahorrará repetir muchas de las
cosas que tan bien, tan prudente y tan precisamente ha dicho ella en nombre de
su grupo. Suscribo completamente su intervención y no voy a abundar en las
reflexiones que hacía. Pero era preocupante, por utilizar un adjetivo
suave, la lectura estricta del texto de
la exposición de motivos y más preocupante aún la lectura de la propuesta de
resolución que presentaba el Grupo Parlamentario Popular. El Grupo
Parlamentario Socialista con su enmienda y los otros grupos les han salvado,
como al boxeador, de recibir el último golpe y quedar KO. Les han salvado en el
último segundo del gong y vamos a aprobar una moción consensuada que salva la
cara a la moción presentada por el Grupo Parlamentario Popular y la salva
porque, como decía la senadora Loroño, o es enfermedad o no lo es. Es las dos
cosas a la vez, senador García-Talavera. Aquí no venimos a dar clases de
medicina, sino a ilustrar políticamente problemas médicos en todo caso. Desde la normalidad al sobrepeso, a la
obesidad o a la obesidad mórbida hay un continuum,
y las clasificaciones internacionales de enfermedad definen como tales las dos
últimas modalidades, y al resto como conductas de riesgo. ¿Es que vamos a decir
a las Senadoras y Senadores de esta ilustre Cámara que son más o menos obesos que
están enfermos? Yo no seré el que lo diga; están incurriendo en una conducta de
riesgo, como lo es el fumar, el beber, el conducir a trescientos por hora o el
ser promiscuo sexualmente, y, ¿por eso están enfermos? No, Senador
García-Talavera; están, en uso de su libérrima voluntad, conduciéndose por
senderos de conductas de riesgo para su salud, y pueden hacer lo que mejor
entiendan y crean. Por tanto, estamos
ante un problema de salud, en sus fases iniciales de sobrepeso y de obesidad,
no ante una enfermedad. A partir del índice de masa corporal del 40 por ciento
-como usted citaba- sí es una enfermedad, pero, como decía la Senadora Loroño,
ya se está actuando: se está operando, se está haciendo cirugía bariátrica. En
el sistema público de salud se está reconociendo y además ya se está actuando
ante esta enfermedad.
Usted ha confundido aquí tres o cuatro
niveles: lo que es un problema de salud, cuando lo cataloga como enfermedad; lo
que es una enfermedad, haciendo un uso abusivo de la clasificación internacional
de enfermedades, y confundiéndolo con el catálogo de prestaciones del sistema
público de salud; son cosas distintas. Si en su moción usted hubiese dicho que
se incluya el tratamiento de la obesidad mórbida en el catálogo de
prestaciones, quizá formalmente estaría bien haberlo dicho, aunque ya se está
haciendo sin que esté en el catálogo de prestaciones. Por ello, tras todo este
lío teórico y conceptual, a uno le empieza a entrar la duda de si todo eso no
se resume en propiciar otra cosa, al entenderlo y catalogarlo como enfermedad
crónica, sin decir a partir de qué nivel. Además, casi puede llegar a resultar
ridículo que un gobierno decida lo que es enfermedad y lo que no lo es, desde el continuum de normalidad, sobrepeso,
obesidad, obesidad mórbida, obesidad supermórbida. Deberían ser la OMS o la
clasificación internacional de enfermedades o los expertos sanitarios quienes
definan qué es o qué no es enfermedad.
Por tanto, usted ha
confundido problema de salud con catálogo de prestaciones, incluso casi me
atrevería a decir con enfermedades de declaración obligatoria. Estamos ante un
lío fenomenal que en parte ha sido aclarado, sobre todo por la enmienda
transaccional.
Al final, a uno le queda la duda de si
todo eso -como también decía la Senadora Loroño- no pretendía desembocar en la
libre dispensación, con cargo a los presupuestos públicos, de ciertos
medicamentos que no voy a pronunciar, y que no voy a pronunciar porque no
quiero y porque no debo, pero que todos sabemos cuáles son. Todo eso es un
ejemplo -y así lo ligo con la intervención anterior- de lo que hace la
industria farmacéutica, que a veces investiga más en productos de confort que
en productos realmente necesarios para la salud de las poblaciones.
Puede resultar esperpéntico que muchas
personas obesas, en el uso de su legítima libertad para serlo, hagan una
ingesta excesiva y después tomen un fármaco para paliar esta ingesta excesiva.
Se les podría recordar el Evangelio y la parábola del rico Epulón y el pobre
Lázaro. Usted, Senador García -Talavera, ustedes señores del Partido Popular,
con esta enmienda tan poco meditada, están mucho más cerca del rico Epulón que
del pobre Lázaro.
Nada más y muchas gracias.
El señor VICEPRESIDENTE (Rojo García):
Gracias, señor Espasa.
Por el Grupo Parlamentario Catalán en
el Senado de Convergència i Unió, tiene la palabra el Senador Cardona.
El señor CARDONA I VILA. Muchas
gracias, señor Presidente.
Señorías, voy a fijar la posición de nuestro
grupo en relación a esta moción que ha defendido el señor García-Talavera, en
nombre del Grupo Parlamentario Popular, y la verdad es que en su primera
lectura a uno se le podría ocurrir pensar qué se puede esconder detrás de una
petición que parece simple, vana, lógica y además de una naturaleza tan
racional.
¿Tal vez, por qué no, la contemplación
del nuevo plan integral de una nueva enfermedad prevalente y emergente que se incluya en la futura ley
de calidad y coordinación sanitaria, con unas pautas de prevención, diagnóstico
precoz, tratamiento y rehabilitación homogéneas para todas las Comunidades
Autónomas titulares actualmente de las competencias sanitarias? No lo queremos
pensar.
Otra posibilidad sería que si realmente
no está reconocida como enfermedad que se corresponda en una sola entidad gnoseológica, ¿quién es el Senado, con qué
autoridad científica puede instar al Gobierno? Porque eso parece más propio de
sociedades académicas, colegios de médicos, etcétera.
En cualquier caso, es necesario instar
al Gobierno, y por lo tanto al ministerio de Sanidad, a que considere la
obesidad como una enfermedad. Algo raro ya parece en todo caso, porque la
obesidad representa hoy en día un problema importante de salud pública ya que,
por una parte, afecta a muchas personas, y por otra, estas personas tienen un
mayor número de complicaciones y problemas de salud.
Tal como se dice en la argumentación de
la moción, también es cierto que los niveles de obesidad en España no han
estado nunca a la altura de la de los países del norte y del centro de Europa o
de los Estados Unidos. Hasta ahora siempre hemos tenido una prevalencia
inferior.
Por otra parte, la presencia de
obesidad no se puede atribuir a un único factor causal. Parece que, además de
ciertas condiciones genéticas, lo que determina su mayor incidencia es la
excesiva ingesta calórica y, como se pone de manifiesto en la exposición de
motivos, el sedentarismo tan
característico de nuestra sociedad.
Lo cierto es que se trata de una
importante alteración patológica, con múltiples y diversos factores
etiopatogénicos, algunos de los cuales constituyen por sí mismos verdaderas
enfermedades endocrinológicas y metabólicas. Pero es que, además, por lo que
hace referencia a su consideración como enfermedad, hemos de señalar que la
obesidad y sus diferentes tipos ya se incluyen en la clasificación
internacional de enfermedades en su novena revisión y, por lo tanto, en
relación con este aspecto no parece que la moción tenga mucho sentido.
Pero tal vez la pregunta del millón
podría ser qué se entiende o qué entiende su señoría por catalogar una
enfermedad. Catalogar es el catálogo de prestaciones sanitarias, y esas son las
prestaciones terapéuticas que se ofrecen delante de una enfermedad, no es el
reconocimiento de la enfermedad, como decía muy bien el Senador Espasa. ¿Qué
sentido se le da realmente? ¿El de su propio reconocimiento en sí? Y en este
caso, ¿qué papel desempeña realmente la Organización Mundial de la Salud, que
es, en definitiva, la que debe decidir?
En cuanto a la segunda parte de la
moción, relativa a la adopción de las medidas necesarias para paliar la
incidencia de esta epidemia del siglo XXI, hay que reconocer, dado el carácter
genérico de la propuesta, que es difícil mantener una postura en contra. No
obstante, sería menester saber qué intenciones pueden esconderse detrás. Si
tenemos en cuenta las últimas tendencias del Ministerio de Sanidad, de alguna moción que hemos visto
no hace muchos días, tal vez se pretenda llevar adelante una especie de plan
contra la obesidad, y este podría ser el primer paso. En este supuesto hay que
tener en cuenta el peligro que ello supone de que se pueda llegar a imponer una
serie de medidas importantes sin dotar a las Comunidades Autónomas de los
recursos necesarios para llevarlas a cabo, y aquí entraríamos otra vez en el
sistema de financiación. Hoy en día, la Administración central puede decir
cuáles son las prestaciones que tienen que dar las Comunidades Autónomas, y ya
tienen un fijo con un cierto margen en la financiación autonómica. En cualquier
caso, cada vez que se le exijan más prestaciones aumentará el presupuesto
sanitario de aquellas Comunidades Autónomas, lo cual puede llevar, como
decía al hablar de la otra moción, a que
este sistema de financiación sea más perverso aún que el anterior
En relación con la consideración y el
abordaje de la obesidad como problema de salud, el Plan de salud de Cataluña y
de otras comunidades autónomas ya contempla objetivos de salud de
intervenciones para la promoción de hábitos y estilos de vida saludables, y en
ese apartado se incluye, naturalmente, los objetivos en relación con la
obesidad.
En cuanto a la atención a las personas
que sufren de obesidad, en atención primaria ya se realizan intervenciones
sobre la obesidad, de la misma manera que, por ejemplo, se hace con los demás
factores de riesgo en enfermedades cardiovasculares, como la hipertensión,
hipercolesterolemia, tabaquismo, lo que está muy relacionado, por tanto, con la
obesidad.
Asimismo, tenemos que tener en cuenta
que actualmente se tiende a considerar el riesgo individual de cada paciente en
función de la combinación de factores de riesgo. Por lo tanto, no es un riesgo,
sino esa combinación de factores de riesgo, contra los cuales sólo se puede luchar
con unos hábitos saludables de vida.
En cuanto a los casos más complejos,
estos son atendidos desde la atención especializada por parte de los
endocrinólogos.
Por otra parte, también se dispone en
la red hospitalaria de unidades de obesidad mórbida -en Cataluña hay cuatro-
que atienden las derivaciones de los casos más problemáticos, aunque hemos de
señalar también que muchas veces existen listas de espera para atención en
estas unidades.
En definitiva, entendemos que el texto
de la enmienda presentada por el Grupo Parlamentario Socialista en cuanto a que
pasara por el Consejo Interterritorial para estudiar previamente el problema al
objeto de definir las medidas necesarias era mucho más adecuado. En cualquier
caso, se ha llegado a un texto que hemos firmado todos y he de felicitar, en
nombre propio y en el de mi Grupo, a los negociadores, fundamentalmente al
senador del Grupo proponente, el señor García Talavera, y al enmendante, cuya
portavoz, la senadora Nóvoa, creo que han hecho un esfuerzo y, ciertamente, se
ha mejorado, y en mucho, el texto inicial. Por lo tanto, nosotros votaremos a
favor de la misma.
Nada más y muchas gracias, señor
Presidente.
El señor VICEPRESIDENTE (Rojo García):
Por el Grupo Parlamentario Socialista tiene la palabra la senadora Nóvoa.
La señora NÓVOA CARCACÍA: Gracias,
señor Presidente.
Señorías, creo que me van a agradecer
una intervención breve, entre otras razones porque a estas alturas del debate
ha sido mucho lo que se ha expuesto en este Pleno, y no es cuestión de que esta
portavoz insista nuevamente en las dimensiones del problema de la obesidad u
otras consideraciones al respecto, pero sí quiero indicarle al portavoz del
Grupo Parlamentario Popular, defensor de la moción, que he de confesarle que
yo, inicialmente, he tenido también una gran dificultad para saber cuál era el
contenido exacto de la moción, es decir, qué era exactamente lo que quería
conseguir el Grupo Parlamentario Popular con la moción. Me entraron las mismas
dudas que a los portavoces que me antecedieron en el uso de la palabra. No
entendía muy bien qué se pretendía con catalogar la obesidad como enfermedad
cuando, efectivamente, la clasificación internacional de enfermedades contempla
la obesidad como una enfermedad, y una vez que la obesidad en nuestro país, en
nuestro sistema sanitario público, se trata y se enfoca desde ese sistema
nacional de salud como una enfermedad, siendo atendida por una parte, por los
médicos de atención primaria y, por otra, por los especialistas en
endocrinología y nutrición.
Como decía, clínicamente está
considerada como una enfermedad y como
tal se aborda desde el Sistema Nacional de Salud. Esas fueron las razones que
condujeron al Grupo Parlamentario Socialista a presentar la enmienda que
después dio pie a que se pudiese someter a votación la transaccional a la que los respectivos
portavoces de los grupos han hecho
referencia. Quiero aprovechar la ocasión para agradecerles su reconocimiento
por el esfuerzo de aproximación que han hecho con relación a la enmienda del Grupo
Parlamentario Popular. Señor portavoz, he de decirle que la primera impresión
que tuve fue que estábamos ante una moción de esas que podríamos meter en el
grupo de lo que abunda no daña; no sabía exactamente lo que pretendía aportar
en bien de las personas que sufren trastornos de obesidad.
Señor Presidente, para terminar mi
intervención diré que cuando hablamos de controlar el peso corporal no estamos hablando de conseguir un cuerpo
diez sino de lograr un peso sano que, por cierto, no tiene por qué coincidir
con el peso estético. Digo esto porque aunque en este caso estamos debatiendo
sobre cuestiones de peso corporal que
tienen que ver con la salud, hay que tener en cuenta que todo lo que tiene
relación con la alimentación, con el cuidado físico, está muy relacionado con
comportamientos y componentes estéticos que
a veces conllevan un claro riesgo. Por tanto, hago esta reflexión final:
control de peso corporal es igual a búsqueda del peso más sano y no a búsqueda
del peso estético supuestamente adecuado.
Muchas gracias.
El
señor VICEPRESIDENTE (Rojo García): Gracias.
Tiene la palabra el Senador García
Talavera por el Grupo Parlamentario Popular.
El señor GARCÍA-TALAVERA CASAÑAS:
Muchas gracias, señor Presidente.
Señorías, cuál no ha sido mi sorpresa
cuando sobre algo que estaba previamente pactado veo que, cuando menos, hay
grandes diferencias conceptuales en relación con la obesidad. Había eludido
tratar esta cuestión desde un punto de vista científico, pero veo que tendré
que hacer hincapié en él en defensa de nuestra moción.
Señorías, observen que la obesidad es
un fenómeno dinámico que comienza con un exceso de ingesta de alimentos, es
decir, de calorías, que de manera
incontrolable se van acumulando en el tejido adiposo de un serie de personas.
Como consecuencia se va produciendo un imbalance
en los centros del hipotálamo, en el
centro del hambre y de la saciedad, y a consecuencia de ello se produce poco a
poco un efecto de sobrepeso que a la larga acaba en obesidad.
La obesidad no tiene necesariamente que
estar incluida en las enfermedades consideradas como endocrinológicas. Desde los inicios de la historia de la
Medicina se sabe que la obesidad obedece a trastornos endocrinológicos y
metabólicos y se considera como una enfermedad, pero los sobrepesos o la
obesidad exacerbada, lo que se conoce desde el punto de vista epidemiológico
como obesidad de tipo 1, 2 o 3, la obesidad mórbida o muy grave, no siempre
implica trastornos endocrinológicos ni se ha de considerar como enfermedades en
la patología médica.
Es más, el profesor Harrison, de los
Estados Unidos, dice que obesidad en el ser humano se debe de conceptuar desde
que aumenta el 20 por ciento más del peso ideal de la persona. Fíjense que eso
apenas es un sobrepeso, pero ya lo considera Harrison como enfermedad ¿Por qué?
Porque es un proceso dinámico ¿Por qué? Porque a lo largo de la vida, si
comienza en el niño, se mantiene en la adolescencia y luego sigue en el adulto
y en la senectud va a convertirse en un serio problema sanitario. Yo creo que
la intención de esta moción es concienciar no sólo a todos los profesionales
sino al propio Gobierno, a que estimule aquellos puntos y aquellas pautas de
acción sobre la investigación, sobre la culturización, sobre todos aquellos
aspectos de divulgación a nivel de las comunidades autónomas, a nivel de la
asistencia primaria, a nivel de todo el marco profesional que interviene en la
regulación de la nutrición de los seres humanos.
Yo creo que eso es lo que realmente se
pretende aquí, y esa era realmente la intención de esta moción para aquellos
aspectos, personas y colectivos que se sienten reivindicativos de que la
obesidad no está tratada en nuestro país como no lo está en todo el mundo, ni
siquiera en norteamérica donde existen numerosas publicaciones en torno a este
problema, que si ustedes tienen la capacidad de revisar, están pendientes de
solucionar; hasta la industria aseguradora de la obesidad también está
deficiencia. Fíjense que todo esto lo único que hace es plantearse una
situación propia de la humanidad, que pone a la obesidad como la segunda causa
de muerte innecesaria en la Organización Mundial de la Salud.
Por otro lado, senadora Loroño, me
gustaría darle un mensaje que creo que es muy importante, aparte de agradecer
sus palabras tratando de transmitirme lo que debería haber sido la moción. Yo
creo que volvemos al debate del concepto, creo que la gestión sanitaria o la
planificación sanitaria, de los servicios sanitarios fundamentalmente, está condicionada
por un principio clave, por un principio primordial y es que en la sanidad lo
organizativo es un elemento esencial de lo básico, y eso no menoscaba para nada
las actuaciones de la Ley de Sanidad en las comunidades autónomas.
Muchas gracias.
El señor VICEPRESIDENTE (Rojo García):
Gracias, Senador.
¿Se puede entender aprobada por
asentimiento? (Pausa.)
Se aprueba por asentimiento.