La
primera es dar las gracias al semanario "La Proa" por permitirnos
y dar la oportunidad de expresarnos sin trabas ni manipulaciones de
ninguna clase, dos personas obesas, como es fácilmente comprobable,
eso, es muy difícil. No hay ninguna representación en
los medios de comunicación. Las pocas personas que salen son,
sin darse cuenta, convertidas en motivo de risas o, lo que es peor,
grandes personas patéticas, llorones que chillan a pulmón
que no se aceptan. Pero, somos muchos los que nos consideramos "normales"
y no queremos seguir sufriendo esta discriminación, ni queremos
que se siga pensando que somos diferentes de los demás. También
quiero dar las gracias a todas las personas que son mis confidentes
y la fuente de inspiración de muchos pensamientos, son mis contrapuntos
particulares, ellos miran desde fuera lo que yo veo desde dentro, y
con su opinión me doy cuenta de muchas más cosas. Gracias
al supermercado-cafeteria Vall-llòbrega, gente de toda clase
y condiciones, gente con cabeza e inteligencia que te acoge y te acepta
sin obstáculos, gracias Carmen, Yolanda, Eva, Siset, Miguel...
Gracias a todos, que habéis hecho posible, incluso, la creación
de nuestra página web, que esperamos poder ofrecerles pronto.
Allí entre el ir y venir de la gente, entre café y café,
tanto verano como invierno, he encontrado un sitio idóneo de
aceptación para todos y una buena fuente de información,
hablando con cualquiera que se presentara, allí me han animado
a mí, a que con mi testimonio de apoyo a otras personas con la
misma discriminatoria afinidad: la Obesidad.
Yo,
que con mucho esfuerzo, a veces por rechazado y fácilmente otras,
he hecho lo que he querido, me he vuelto a colgar en la espalda el cartel
que dice:
"Soy obeso
y hago vida normal, soy obeso y no he de pedir perdón por serlo,
dispárame"
Con
mi testimonio en programas de televisión, y el día a día,
por la calle, me siento como la abogada de alguna causa perdida y extraña,
parecido a alguno de aquellos "Expediente X" tan oscuro que
todo el mundo sabe que existe, pero nadie lo quiere admitir. Defiendo
unos derechos como la igualdad, la justicia, el derecho a ser diferentes,
que en este siglo, ya no se habría de defender. Los gordos no
somos el enemigo público número uno, pero, si nos lo siguen
diciendo, habrá cada vez más gente que verá con
ojos de terror, cualquier aumento de peso de su cuerpo, y para que no
le pase como a nosotros, cada vez más gente peleará con
su cuerpo, hasta el punto de una niña de cuatro años qeu
no quiere comer, ya que en la guardería unos compañeros
no quieren jugar con ella por el hecho de que está gorda. Y en
medio de toda esta absurda historia, cuando me pierdo siempre encuentro
el norte con la razón de peso más fuerte.
"Todo
rechazo a un obeso, es un argumento para un anoréxico"